Construyo a partir de fragmentos de historia, de ideas recurrentes, de imágenes que me visitan durante el sueño, de cosas que intento una y otra vez en diferentes versiones, en diferentes tiempos, de sensaciones y voces que hablan en mi cabeza mientras veo por la ventanilla del bus y de vez en cuando miro hacia atrás, para asegurarme que no hay nadie sospechoso que vaya a poner antes de la próxima parada.
Desde el 2003 tengo esta sensación fija con una melodía de Apocalyptica y un paisaje con dos sillas y dos personas, a Jaime le contagia esta idea, la hemos visto un par de veces para otro trabajo que al final no se realizó. Hace una semana descubrí que esa idea tomaba forma como una acción dentro de este experimento: los espacios personales, los espacios íntimos que vamos creando para permanecer a salvo de todo lo que nos invade. Guardo celosamente mi espacio íntimo y al mismo tiempo busco invadir el de los que me son más queridos, para ver si existo dentro de ese espacio, el encuentro con el otro siempre es un acto de violencia ¿no?.
Pasa también que mi personaje avanza de hora en hora... ¿Cómo comenzamos a negarnos? ¿cómo nos vamos anulando? Tomamos las sensaciones que nos lastiman con calma, para no desesperarnos, hasta convertirlas en una gotera subterránea que nos va minando... ¿Hablo en plural? Hablo por mí y por mi personaje que se va construyendo de fragmentos, de fragmentos míos, como me construyo...al final mi personaje talvez solo sea una de las múltiples voces que me habitan.
6:00 a.m.
Desde este lado del espejo
un hombre mira su propia inmortalidad
y se resiste a creer
en la utopía del huevo cayendo del muro.
Hay una equis sobre su rostro
es un hombre anónimo
que quitó su nombre de un tirón
y lo arrojó lejos de sí
lo más que pudo.
Tiene ensangrentados los muñones de sus dedos
y grita tan dulcemente
que todo el que le escucha para de gemir y canta.
Hay un hombre sin sus vísceras
y tiene en la mano izquierda su corazón
adornado con corona de espinas.
Es un hombre irreconocible
que cuenta cuentas de rosarios marchitos
y se flagela las espaldas con arrepentimientos.
Es un hombre del que me río a carcajadas
es un bufón en traje de mediocre
es un despojo humano vestido de franela
y grita
cada vez que me asomo al espejo en la mañana
7:00 a.m.
Miro pájaros en las azoteas
Hay garras de cuervo clavándose en múltiples pechos
Hay picos abriendo las carnes de los niños
Hay gente que pasa de largo en las aceras
Sin que les duelan las manos
Por las miserias que cuelgan de las esquinas.
Camino por las calles
Hay un hombre extendido en el asfalto
Que riega su sangre por un agujero en la cabeza
Cuatro hombres azules lo custodian
Para que saque su mejor perfil
En el noticiero nocturno.
Hay abogados que lanzan corazones sangrantes
Desde los quintos pisos
Para que se destrocen con un sonido húmedo.
Hay mujeres que dejan colgar sus tetas de las ventanas
Y caminan en sus tacones sobre largas aceras.
Tengo persistentemente esta pesadilla
Y despierto a la mañana sudando frío,
Entonces me ducho, tomo un café
Coloco alrededor de mi cuello una corbata
Abro la puerta de la calle y veo
Exactamente lo mismo que en mi sueño.
8:00 a.m.
Ni bien entrada la juventud
saludas al mundo con ambas manos,
alguien te pone un cigarrillo en la boca
y lees tus primeros versos de Neruda,
o de Machado o de Lorca,
plagias a Benedetti en papelitos anónimos
que estacionas dos pupitres delante del tuyo
con la chica que sabe que tú los estacionas
pero no que los plagias,
crees que el mundo es grande
y que es tu deber recorrer su inmensidad antes que se acabe
entonces los relojes son innecesarios
y caminan todos hacia la derecha.
Luego, no sabes cómo, creces,
alguien te pone un horario en las manos
y lees tus primeras planillas, los reportes,
las cuentas y el periódico de la mañana,
y no necesitas plagiar
porque todo se arregla con un anillo
y tu chica guarda los versos
junto a las facturas de la luz,
crees que el mundo es demasiado grande
y peligroso para andarlo a pié,
aprendes entonces cuan necesarios son los relojes
y que todos corren más que tú.
Pisas el acelerador, le subes el volumen a la radio,
marcas tarjeta, estrechas manos sudorosas e infinitas,
hasta que un día, cuando los versos plagiados son ceniza
el espejo te pregunta dónde te fuiste
y comprendes con terror
que el reloj ha comenzado a marchar a la izquierda.
Harry.-