Almas
Hay almas que suenan
como la quinta cuerda de una guitarra
cuando las tañe la garra de la soledad
y dejan su sonido vibrando
dentro de los tímpanos del silencio.
Estas almas huelen a vacío,
a estante de viejos libros,
a bolitas de naftalina,
a cantos de Viernes Santo,
a manos de solterona
hurgando en las diez de la noche.
Son estas almas las que viajan
con su cortejo de lamentos
y amarillentas fotos en blanco y negro,
las que usan antiparras
y leen salmodias apoyando el índice
en los renglones muertos,
las que bailan en corros de brujas
imaginando equinoccios que no llegan
las que alisan las arrugas de sus deseos
y no tienen saliva
para humedecer otros labios.
Estas almas se acurrucan
en las esquinas de la noche a mendigar besos
y cambian su paz por dedos
que les rasguen el velo de la madrugada.
Estas almas se lanzan al vacío
desde el piso número siete,
se emborrachan solas en las barras con penumbra,
pagan putas para que lloren abrazadas a sus rodillas,
hacen collares de margaritas con sus venas,
predican mundos mejores,
chillan fingiendo orgasmos,
escriben libros que se leen diez años después,
cuentan las píldoras antes de envenenarse,
cantan ante fans enloquecidos,
multiplican panes y peces,
queman sus autoretratos,
juran amor a amantes imaginarios
y traicionan con su cuerpo
a todos los cuerpos que acampan en su cama.
Cuando llega la hora de matar
estas almas dan media vuelta y regresan a casa
con la esperanza de recibir una bala por la espalda
que les pruebe la utopía de la inmortalidad.
Tú que conservas sin sombras las pupilas
y regresas a casa donde aguarda la mesa
y el caritativo beso de las buenas noches,
ten cuidado con estas almas
no dejes que perturben tu buena conciencia,
tus cuentas pagadas a término,
los compromisos en tu calendario;
cámbiate de acera si las encuentras
guárdate, cúbrete, desvía la mirada
que su contacto impuro no te saque
del redil de la sonrisa
que no contamine tu seguridad su ponzoña
que no te deslumbre su corona de espinas,
no seas insensato
nada es comparable a la seguridad.
Y si alguna vez sus cantos perturban tu alma
mira fervorosamente el televisor,
vete en peregrinación al centro comercial
flagélate con horas extras
paga en abonos al diez por ciento tu puesto en el paraíso
apoya sin dudar las guerras civilizadas
sálvate, sálvate, se buen niño
y obtendrás un sillón
desde donde ver pasar el mundo
mientras aguardas la inexorable llegada
de la cantante calva
5:00 a.m.
La soledad es un espejismo,
una amplia brecha por donde pasa el olvido,
una gran habitación de silencio,
el libro de estampas del recuerdo.
La soledad te envuelve con su abrazo tibio,
te regala tu propia compañía,
te enseña la sospecha de la muerte
y el bálsamo de la lejanía.
Es buena la soledad cuando estás con nadie,
cuando te acompañan ramas y viento,
cuando se fue demasiado lejos de la manada,
cuando aún se recuerda el camino a casa.
Ahora la habitación está llena de ecos y pasos
y canciones cansadas y besos con sueño,
de enormes trozos de vidrio roto
donde camina de puntillas la soledad.